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La nueva versión de ISO 9001:2026 está a punto de convertirse en una realidad.
El borrador final FDIS ya ha sido aprobado con un amplio respaldo internacional y la publicación de la sexta edición de la norma está prevista para el 16 de septiembre de 2026.
Y aunque los cambios respecto a ISO 9001:2015 no supondrán rehacer completamente los Sistemas de Gestión de Calidad, sí confirman una evolución que desde My Process Solution consideramos especialmente importante.
ISO 9001 no se convierte en una norma ESG ni sustituye a ISO 14001, a una estrategia de sostenibilidad o a otros sistemas especializados.
Pero la frontera entre Calidad, sostenibilidad, ética, gestión de riesgos y expectativas de las partes interesadas es cada vez menos clara.
Y esto tendrá consecuencias en la manera en la que las empresas gestionan sus Sistemas de Calidad.
En parte, ya deberíamos estar haciéndolo.
En 2024, ISO modificó ISO 9001:2015 para introducir expresamente el cambio climático dentro del análisis del contexto de la organización.
Desde entonces, las empresas deben determinar si el cambio climático constituye una cuestión relevante para su Sistema de Gestión de Calidad y considerar que sus partes interesadas pueden tener requisitos relacionados con él.
ISO 9001:2026 integra definitivamente este enfoque dentro de la nueva edición.
Además, la evolución del texto refuerza cuestiones como:
If the problem is already clear, the next step is to review your case and define the most useful path for your company.
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Por tanto, hablar hoy de Calidad exclusivamente en términos de procedimientos, incidencias, satisfacción del cliente y auditorías empieza a quedarse corto.
Uno de los puntos más interesantes de ISO 9001:2026 está precisamente en el contexto de la organización. La empresa no funciona de manera aislada.
Clientes, grandes compañías, distribuidores, proveedores, administraciones, trabajadores y otros grupos de interés están incorporando progresivamente nuevas expectativas relacionadas con cuestiones ambientales, sociales y de buen gobierno.
Y cuando esas expectativas son relevantes para nuestro producto, nuestro servicio, nuestros clientes o nuestra capacidad para cumplir los resultados esperados, pasan a formar parte de la gestión empresarial.
Pensemos en ejemplos muy sencillos:
➡️ Un cliente que solicita información sobre la huella de carbono de sus proveedores.
➡️ Una empresa que incorpora criterios ESG dentro de su proceso de homologación de proveedores.
➡️ Un distribuidor al que empiezan a solicitar evidencias sobre el origen o las características ambientales de determinados productos.
➡️ Un cliente internacional que incorpora un Código de Conducta para proveedores.
➡️ Una gran compañía que exige determinada información sobre sostenibilidad a las empresas que forman parte de su cadena de suministro, etc.
No todos estos requisitos son automáticamente requisitos de ISO 9001. Pero sí pueden convertirse en requisitos relevantes de clientes y partes interesadas, riesgos para el negocio o condiciones para continuar dentro de determinadas cadenas de suministro.
Y ahí es donde Calidad y ESG empiezan a encontrarse.
Este cambio es especialmente interesante en la gestión de proveedores.
Tradicionalmente, muchos Sistemas ISO 9001 han evaluado a sus proveedores utilizando criterios como:
Estos criterios siguen siendo fundamentales. Pero cada vez es más habitual incorporar también cuestiones como:
No porque ISO 9001 vaya a obligar a todas las empresas a utilizar un cuestionario ESG para sus proveedores. Sino porque las exigencias de los clientes y de las cadenas de valor están cambiando.
Una empresa puede tener un excelente Sistema de Gestión de Calidad y, sin embargo, empezar a encontrar dificultades para acceder a determinados clientes si no es capaz de aportar información sobre sostenibilidad.
La certificación seguirá siendo importante. Pero probablemente ya no será suficiente por sí sola para demostrar que somos un proveedor preparado para las expectativas de los próximos años.
Otra de las novedades más relevantes de ISO 9001:2026 es el mayor énfasis en la cultura de calidad y el comportamiento ético.
La nueva edición refuerza la responsabilidad de la alta dirección a la hora de promover ambos conceptos. Y aquí encontramos una conexión directa con la G de Governance de ESG.
Una organización no demuestra una buena gestión únicamente porque tenga procedimientos documentados.
También importa:
Por tanto, la ética deja de ser un concepto completamente separado del Sistema de Calidad para acercarse más a la manera en la que la propia organización entiende y gestiona la calidad.
ISO 9001:2026 también introduce una diferenciación más clara entre riesgos y oportunidades. Y esto puede ser especialmente útil para integrar sostenibilidad dentro de la estrategia.
Por ejemplo:
Riesgo: un cliente estratégico empieza a exigir información ESG a sus proveedores y nuestra empresa todavía no dispone de ella.
Oportunidad: desarrollar un sistema de evaluación ESG de proveedores que permita diferenciarnos frente a nuestra competencia.
Riesgo: determinados fenómenos climáticos pueden afectar al suministro o la distribución.
Oportunidad: diversificar proveedores y mejorar la resiliencia de la cadena de suministro.
Riesgo: no disponer de datos ambientales que solicitan grandes clientes.
Oportunidad: empezar a medir consumos, emisiones o indicadores ESG y utilizar esta información dentro de propuestas comerciales y procesos de homologación.
Tras la publicación de ISO 9001:2026 se prevé un periodo de transición de aproximadamente tres años para que las organizaciones certificadas migren desde ISO 9001:2015.
Esto puede transmitir una falsa sensación de tranquilidad:
Para actualizar determinados procedimientos probablemente haya tiempo. Para construir una estrategia de sostenibilidad, no necesariamente. Porque el verdadero calendario no lo marca únicamente ISO.
Lo marcan también:
Si dentro de dos años un cliente importante solicita determinada información ESG, disponer todavía de un certificado ISO 9001:2015 válido no resolverá el problema.
Por eso recomendamos separar dos cuestiones:
No es necesario esperar a septiembre para empezar. Una empresa certificada en ISO 9001 puede revisar ya:
¿Existen cuestiones ESG que puedan afectar a nuestro mercado, clientes, proveedores o capacidad para cumplir los resultados previstos?
¿Estamos teniendo en cuenta cambios externos relacionados con sostenibilidad, regulación, tecnología, digitalización o nuevas exigencias del mercado?
¿Hemos analizado realmente si el cambio climático puede afectar a nuestra actividad, productos, servicios o cadena de suministro?
¿Qué están solicitando actualmente nuestros clientes en materia de calidad y sostenibilidad?
¿Y qué solicitan nuestros principales clientes a sus propios proveedores y cadenas de suministro?
¿Estamos detectando nuevas exigencias relacionadas con huella de carbono, criterios ESG, códigos de conducta, trazabilidad, ética o información ambiental?
¿Tenemos identificadas y revisamos periódicamente las expectativas de clientes, proveedores, trabajadores, administraciones y otras partes interesadas que puedan afectar a nuestro Sistema de Gestión?
¿Seguimos evaluando a todos nuestros proveedores únicamente por calidad, precio, plazo e incidencias?
¿Tiene sentido incorporar progresivamente criterios ESG en la homologación y evaluación de nuestros proveedores?
¿Hemos clasificado nuestros proveedores mediante un enfoque risk-based, diferenciando aquellos que son críticos por su impacto en calidad, continuidad de suministro, sostenibilidad, reputación o cumplimiento?
¿Disponemos de algún sistema de scoring de proveedores que nos permita valorar su desempeño, identificar proveedores de mayor riesgo y definir controles o acciones diferentes en función de su criticidad?
¿Estamos considerando la sostenibilidad únicamente como un riesgo o también estamos identificando oportunidades vinculadas a ella?
¿Estamos identificando cuestiones como cambio climático, sostenibilidad, digitalización, inteligencia artificial, nuevas tecnologías o cambios en la cadena de suministro como posibles fuentes de riesgos y oportunidades?
¿Estamos aprovechando las oportunidades para introducir nuevas formas de trabajar, tecnologías emergentes, nuevos productos o servicios, alianzas estratégicas, innovación o mejoras de eficiencia?
¿Disponemos de información sobre consumos, emisiones, residuos, personas, proveedores u otros indicadores relevantes?
No todas las empresas necesitarán medir lo mismo.
La clave está en determinar qué información es material y útil para cada organización.
¿Estamos relacionando los indicadores de sostenibilidad y ESG con objetivos concretos, responsables, plazos y acciones de mejora, o simplemente recopilamos datos?
¿Disponemos de información fiable y trazable que permita a la Dirección analizar tendencias, tomar decisiones y demostrar nuestro desempeño ante clientes y otras partes interesadas?
¿Existe un Código Ético o Código de Conducta?
¿Nuestros principios y expectativas de comportamiento se han comunicado a empleados, proveedores y colaboradores cuando corresponde?
¿La Dirección promueve activamente una cultura de calidad y comportamiento ético, más allá de disponer de políticas y procedimientos documentados?
¿Está la estrategia de la compañía alineada con los compromisos de sostenibilidad?
¿Se han incorporado criterios ESG dentro de los objetivos estratégicos y operativos?
¿La Dirección tiene en cuenta aspectos ambientales, sociales y de gobernanza en la toma de decisiones?
¿Las decisiones sobre nuevos productos, proveedores, inversiones o líneas de negocio consideran su impacto en sostenibilidad?
¿Existe coherencia entre lo que la empresa comunica en materia ESG y lo que realmente está incorporado en su estrategia?

En definitiva, la pregunta ya no debería ser únicamente si la empresa tiene una estrategia de sostenibilidad, sino si la sostenibilidad forma parte de la estrategia de la empresa.
Y, sobre todo: ¿Calidad y sostenibilidad se están gestionando como dos mundos independientes?
Probablemente sea uno de los principales puntos que muchas organizaciones deberían empezar a replantearse.
La nueva ISO 9001 no convierte a las empresas certificadas en empresas sostenibles automáticamente.
Ni exige implantar un complejo sistema ESG de un día para otro.
Pero sí confirma una tendencia que parece difícilmente reversible:
Las empresas tendrán que demostrar cada vez más no solo que hacen bien las cosas, sino cómo las hacen.
Son conceptos que cada vez están más relacionados.
Esperar hasta el último año del periodo de transición puede ser suficiente para actualizar un certificado.
Pero puede ser demasiado tarde para empezar a posicionarse frente a clientes, proveedores y cadenas de valor que ya están avanzando en esta dirección.
En My Process Solution trabajamos precisamente desde este enfoque integrado: ayudamos a las empresas a conectar sus Sistemas de Gestión ISO con la estrategia, los procesos, la sostenibilidad y los criterios ESG.
Aunque el periodo de transición permitirá adaptarse progresivamente a la nueva versión, muchas de las exigencias relacionadas con sostenibilidad, proveedores, cadena de valor, riesgos y expectativas de clientes ya están empezando a formar parte del día a día de las empresas.
En My Process Solution podemos ayudarte a analizar tu punto de partida y detectar qué aspectos conviene empezar a trabajar desde ahora.
Revisaremos contigo:
Prepararse con tiempo no significa anticiparse a una auditoría. Significa evitar quedarse atrás frente a clientes, proveedores y cadenas de valor que ya están avanzando.